¡Feliz día, Amor!

Llevo escribiendo esto en mi cabeza desde aquel día en el que a las 4 de la mañana te dije que estaba embarazada. Recuerdo que te levantaste con ojos entrecerrados y me abrazaste sonriendo, aún si estabas tan asustado y sorprendido como yo por ese bebé que crecía sin haberlo esperado, y al que despedimos antes de comenzar a imaginarnos cómo sería ser una familia de tres.

El papá que aguardabas ser salió a la superficie enseguida y ahí se quedó, protegiéndome y cuidándome a mí y a la mamá que quería ser. En medio de mis grises emociones supe como nunca antes y con cada una de mis células que tú eras esa persona ideal que esta familia anhelaba, ya fuera de dos, de tres o de diez.

Samuel desde sus primeras brazadas en mi interior sintió cómo y quién eras tú. Su papá lo intuyó antes que mis hormonas me dieran la alarma, y se empeñó en empacarnos en papel de burbujas y consentirnos para que todo saliera bien. Estoy segura que nuestro pequeño sintió cada uno de tus cuidados, que no fueron en vano y hoy corren jugando a escapar de papi y mami, riendo, creciendo y aprendiendo con cada respiro.

Gracias por ser como eres y entregarnos tu amor paciente, calmado y transparente. Samu es muy afortunado, y lo sabe. Yo soy muy afortunada, y también lo sé. Te amamos.

¡Feliz día del Padre, Amor!


 

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