Te regalo el mar

Te regalo el mar

Mi niña:

De cumpleaños te regalo el mar. Que siempre que lo necesites puedas encontrar en él serenidad, esa que tú me entregaste cuando te recostaron sobre mi pecho, con tu suavidad y aroma perfecto. Te regalo el mar con su viento, sus olas y sus playas, por si necesitas algún día volver a tener la libertad de dejarte llevar por ti misma y jugar como ahora, sin siquiera pensarlo.

Tu Tita te llama La Boronita, y eso que no te vio recién llegar: tan pequeñita. ¡Cuántas veces no te hemos medido y pesado!  Hoy a tus 53 semanas, aunque aún eres chiquita, has por fin superado tu estatus de migajita.

También quiero que sepas que has tenido un año feliz. Tus sonrisas llegan fáciles, amplias, con dientes grandes salidos antes de tiempo; acompañadas de nariz y ojos fruncidos. Tus risas dan una vuelta completa con el aire que utilizas para echarlas a andar, sin restricciones. Esta alegría tuya se replica por toda la casa con tus gestos espontáneos lengua afuera, tu picardía y esas muecas de Popeye con una cuchara por pipa.

Mi loquita, te encanta la patanería desde hace bastante, más cuando tu compañero de aventuras es tu hermano Samuel. Esas miradas que ustedes intercambian en medio de sus juegos están hechas de puro amor y complicidad, esencial en nuestros amigos y aliados de vida. ¡Y qué mejor aliado que tu “gemelo” mayor! Deseo que esas caritas espejo sepan reflejarse a través de los años con claridad, escucharse, divertirse, ayudarse.

Tu calma se transformó rápidamente en energía en movimiento. Al mes ya te dabas la vuelta, practicando sin descanso para que a los cinco llegaras con volteretas a donde quisieras. A los seis empezaste con saltitos de conejo que en corto tiempo aterrizaron en un gateo también à la Frankenstein. Hace poco más de un mes diste tus primeros pasitos sin apoyo, tres, pero no has querido andar más; pienso que quieres sentirte más segura antes de lanzarte a tu próxima gran aventura. Mientras tanto te dedicas a sentarte en cualquier rinconcito elevado, a copiar cualquier juego que tu hermano pueda hacer, a practicar la escalada cuasi vertical o a estar simplemente de pie (manos en alto equilibrando).

Es un privilegio que seas una de mis más grandes fans, que al oírme cantar te llenes de sonrisas y te pongas a bailar. Tus primeros bailes eran brinquitos de tórax a los que hoy se les une tu brazo balanceándose de un lado a otro. No puedo esperar para aprender el próximo paso.

A veces me pides que bailemos – o te lo pido yo – y tu mano cuadrada y redondita, hecha con tanta perfección, se apoya en mi mano con plena confianza. Ahí mi chiquita, con tu calor, solo siento amor.

Gracias por tu vida mi niña, que los años te sigan llegando con esa alegría que te caracteriza.

Tu mano en mi mano

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Ya son dos

Mi vida,

Y ya son dos los años que llevas dando pasitos en esta Tierra junto a nosotros. Pasitos cada vez más largos, que de repente corrieron y hasta brincaron, bajito bajito, pero saltitos al fin y al cabo.

Este año esos pies, los que “hace nada” sostenía entre mis dedos sin que los pasaran, han amado sentir la arena y el calor en su planta. Los has dejado descalzos cuando más libre te has sentido y más has sonreído. Tu pelo ha dado giros indomables disfrutando también de esa sensación de libertad.

Este año encontraste un espacio tuyo lejos de papá y mamá. Y aunque a regañadientes al comienzo, hoy tú mismo tocas esa puerta para entrar a jugar. Allí en ese lugar en donde tus horas son solo tuyas y donde nosotros hemos comenzado a aprender a aceptar lo que significa soltar.

Este año entendiste plenamente que tu familia es más grande que tres. Que en tu mundo hay más de dos sonrisas buscándote y más de cuatro manos apoyándote. Aprehendiste con fuerza el amor de tus abuelos y tus tíos; y la camaradería de tus primos. También, de a poquitos vas sabiendo lo que es ser amigo; cuando lo sepas completamente, tu familia crecerá aún más.

Tantas cosas que quiero contarte para que nunca se escapen de mi cabeza como no lo harán las sensaciones en mi alma. Como que amas los buses y los trenes, o cualquier medio de transporte que se te atraviese, moto-taxis incluidos. Te refieres a ti en tercera persona, estrechando mis labios al oírte decir Samu’s para reclamar aquello que es tuyo. Ya sabes decir “solito” en vez de ese “tú,tú,tú” que acompañabas con tu dedito apuntándote a ti mismo. Y te encanta cargar con Mono, tu mochila, y cuidas tus cosas con celo exagerado, sin perderlas de vista y sonando alarmas cuando algún “atrevido” taxista o asistente de aerolínea se atreve a tocarlas. Y atiendes explicaciones y razonamientos, con la cara seria a veces de ceño fruncido; a veces de ojos abiertos.

Quiero que sepas que eres feliz. Las sonrisas llenan tus ojos y tus labios a menudo y bromeas con nosotros con tus chistes que yo llamo “truquitos” para hacerte sonreír todavía más. Bailas cuando te entran ganas, así como cuando nos besas y abrazas. Sabes lo que te gusta y sin dudarlo lo haces saber pero también te animas a probar cosas nuevas sin miedo ni recelo.

Hoy dijiste “bye,bye tren” en voz fuerte, clara y alta mientras nos bajábamos del metro elevado; tu sonrisa era tan amplia y tu espontaneidad tal que no pude hacer más si no reír y unirme a tu libertad. Pensé en la tarjeta que te dio tu Aarti Foi en donde te deseaba ser tan feliz como el día de tu segundo cumpleaños, exclamando además con algo de nostalgia lo que sería poder almacenar tu ternura en un frasco. Pensé en sus palabras, en que mis deseos son tu alegría; y mi frasco estas letras, otro de los lugares en donde yo te guardo.

¡Feliz cumpleaños mi Samu!

 

Tu primer año, Samuel

Tu primer año, Samuel

Llegaste a tu primer año tambaleándote a la Frankenstein, recorriendo uno que otro metro a trompicones pero sin ayuda, demostrando que tu edad no ha llegado en vano, que vas dando pasitos hacia tu independencia.

Me parece increíble pensar que han pasado poco más de 365 días desde que llegaste sin aprehensión a mis brazos torpes y mis manos ignorantes.  Eras tan pequeño que me cuesta creer que esos pies regordetes que ahora te apoyan en tus primeras excursiones cupieran entre mis dedos sin mayor esfuerzo.

Has avanzado, aprendido día a día, y nosotros te hemos seguido más a punta de instinto que de consejos. El tiempo corre contigo sin tomar respiro, tan rápido que al comienzo casi me quedo atrás en tu carrera, así que hoy paso mis días guardándote en mi memoria mientras por tu parte también vas registrando en la tuya. Enseñamos y aprendemos, nos enseñamos y nos aprendemos. Y me llena de emoción y alegría imaginar cómo llegarás a tu segundo año de vida; y me lleno de melancolía por esos pasos tuyos que no volverán.

¡Feliz primer año de vida, hijo!