¡Adiós!

Llegó la hora de decir adiós y emerger de nuestra burbuja. La hora de recoger nuestros pasos y también nuestras cosas. Ya es hora de ser familia en donde primero fuimos pareja.

Recordaré sonriendo los momentos que nos regalaste cuando aprendíamos a conocernos, reconociéndonos siendo tres. Trataré de olvidar cuánto renegué de ti cuando la bruma de la novedad externa se añadía a la de nuestra novedad personal, y no podía ver. ¡Quién sabe!, quizá el universo nos de otro chance, en tus calles o en otras de aires similares.

Fuimos muy felices recorriendo tus altitudes y embriagándonos de tu perfume natural. Nos diste viajes e idiomas, exploración, transformación. Nuevos planes y nuevos vicios: vivimos de lentitud, tranquilidad, montañas, naturaleza e Italia. Ahora, a adaptarlos, a encontrar nuevos, a retomar otros; no existe un centro de rehabilitación para estas cosas, ¿o sí?

Lo mejor, le diste un maravilloso comienzo a Samu, que él olvidara pero llevará dentro. Le brindaste sin reservas la libertad y seguridad de tus niños, esa capacidad de simplemente ser. Todo un privilegio. Un privilegio haber aprendido a ser familia en tu suelo recatado y a veces pasado por alto.

¡Adiós Zurich! ¡Adiós Suiza! O quizá, tan solo, hasta luego.

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Tu primer año, Samuel

Tu primer año, Samuel

Llegaste a tu primer año tambaleándote a la Frankenstein, recorriendo uno que otro metro a trompicones pero sin ayuda, demostrando que tu edad no ha llegado en vano, que vas dando pasitos hacia tu independencia.

Me parece increíble pensar que han pasado poco más de 365 días desde que llegaste sin aprehensión a mis brazos torpes y mis manos ignorantes.  Eras tan pequeño que me cuesta creer que esos pies regordetes que ahora te apoyan en tus primeras excursiones cupieran entre mis dedos sin mayor esfuerzo.

Has avanzado, aprendido día a día, y nosotros te hemos seguido más a punta de instinto que de consejos. El tiempo corre contigo sin tomar respiro, tan rápido que al comienzo casi me quedo atrás en tu carrera, así que hoy paso mis días guardándote en mi memoria mientras por tu parte también vas registrando en la tuya. Enseñamos y aprendemos, nos enseñamos y nos aprendemos. Y me llena de emoción y alegría imaginar cómo llegarás a tu segundo año de vida; y me lleno de melancolía por esos pasos tuyos que no volverán.

¡Feliz primer año de vida, hijo!