¡Adiós!

Llegó la hora de decir adiós y emerger de nuestra burbuja. La hora de recoger nuestros pasos y también nuestras cosas. Ya es hora de ser familia en donde primero fuimos pareja.

Recordaré sonriendo los momentos que nos regalaste cuando aprendíamos a conocernos, reconociéndonos siendo tres. Trataré de olvidar cuánto renegué de ti cuando la bruma de la novedad externa se añadía a la de nuestra novedad personal, y no podía ver. ¡Quién sabe!, quizá el universo nos de otro chance, en tus calles o en otras de aires similares.

Fuimos muy felices recorriendo tus altitudes y embriagándonos de tu perfume natural. Nos diste viajes e idiomas, exploración, transformación. Nuevos planes y nuevos vicios: vivimos de lentitud, tranquilidad, montañas, naturaleza e Italia. Ahora, a adaptarlos, a encontrar nuevos, a retomar otros; no existe un centro de rehabilitación para estas cosas, ¿o sí?

Lo mejor, le diste un maravilloso comienzo a Samu, que él olvidara pero llevará dentro. Le brindaste sin reservas la libertad y seguridad de tus niños, esa capacidad de simplemente ser. Todo un privilegio. Un privilegio haber aprendido a ser familia en tu suelo recatado y a veces pasado por alto.

¡Adiós Zurich! ¡Adiós Suiza! O quizá, tan solo, hasta luego.

IMG_2023

Una noche y un día y medio sin Samuel.

Tres días atrás, de paseo en Bulgaria con Samuel mientras Papi trabajaba, recibí un mail inesperado. Sé que yo misma escribí a conciencia las 2 aplicaciones de trabajo que envié, después de seleccionar cuidadosamente las ofertas laborales, pero aún así el mensaje invitándome a una entrevista el viernes de la misma semana, me cayó de sorpresa. De alguna manera me las había arreglado para archivar en el fondo de mi cabeza la posibilidad de separarme de Samuel a partir de septiembre, cuando en teoría reanudaría mi vida profesional a tiempo parcial.

El pánico llegó. No sé si saben, pero en el Reino Unido, los procesos de selección de profesores son intensos y requieren de mucha preparación. Entre muchas otras cosas, la que más sobresale es que debes dar clase a un grupo de estudiantes desconocidos con poca información sobre su nivel, y asegurarte de exhibir todas tus habilidades como docente, las que ojalá correspondan con lo que según el gobierno británico hace a un buen maestro. Me puse muy nerviosa, seguramente por mi más de año y medio lejos de las aulas, aunque en ese momento esto no me vino a la cabeza. Con la ‘lógica loca’ de por medio, comencé a pensar que quizá estaba teniendo una corazonada y que buscar trabajar no era lo más conveniente para nuestra familia de tres. De igual manera, me puse manos a la obra, con cero materiales de apoyo, aprovechando la siesta del martes de mi hijo, el avión de regreso a Zurich del miércoles, y la tarde y noche suizas. Esto fue posible gracias a mi esposo, quien salió al rescate y se ocupó de mi pequeñín. 

El tiempo de preparación no hizo más que aumentar mis dudas. Sentía que estaba abandonando a Samuel por no leerle bien el libro que me trajo o por dejar que mi marido se lo llevara sin contemplaciones cuando venía a tocarme la pierna diciendo mamá, tratando de separarme de la mesa, seguro para hacerme sentar en el suelo como acostumbramos. Aun así continué, reservé mi vuelo a sabiendas que en el mejor de los casos tendría que pasar una noche y un día y medio sin mi hijo. Para darles perspectiva de la situación, nunca había dejado a mi peque más de cuatro horas seguidas sin mí; este era un salto largo, larguísimo, en vez de un primer paso.

Para completar la escena, el jueves era mi aniversario. Apenas y felicite a mi ‘Amorcito’ e ignoramos la celebración, por primera vez en nuestra relación, la que es cursi y con ganas, como nos gusta. Ahora, no sólo abandonaba a mi hijo, pero ¡a mi familia entera! Igualmente, seguí, no quería dejar pasar la oportunidad de al menos ver qué pasaría.

La verdad es que si mi marido no hubiera estado ahí, quién sabe si hubiera llegado a la entrevista. No sólo dejó que tomara mi decisión sin intervenir; sin pedírselo y silenciosamente, distrajo a Samuel, empacó mi maleta de mano con lo que él consideró esencial, me ayudó a revisar mi lección y esperó pacientemente para poder ir a dormir al mismo tiempo que yo. Después de mis lagrimillas derramadas al despedirme y ya una vez en Londres, hizo lo posible para que estuviera al tanto de los movimientos de Samu con videos, fotos y videollamadas. Él no lo sabe todavía, pero sin quererlo me dio el mejor regalo, me recordó con hechos lo fantástico que es y lo maravilloso de seguir creciendo de su mano; a la vez, me dio la certeza que mi otro regalito del cielo, el mini, tiene un papi sensacional.

  
Mi hijo me extrañó, besando y señalando fotos mías, enviándome y regalándome cyber-besos y sonrisas, llamándome y buscándome por la casa; pero estuvo bien, divertido, feliz. Fue a hacer la compra, al parque y comió fenomenal, todo a pesar de echarme en falta. Ya le dije que voy en camino, que estaré ahí cuando abra los ojos en la mañana, e iremos a hacer la compra, al parque y comeremos de película, los tres. Aunque se pueda sólo de a dos, en nuestro trío todo es mejor.

¿Cómo me fue en la entrevista? Muy bien, no porque me hayan contratado, eso ya lo sabré después y por ahora es secundario, sino porque me di cuenta de muchas cosas. Hoy fue importante ya que después de tanto tiempo pude ser ese otro yo del salón de clases, encontrarme ahí en ese espacio siendo capaz, disfrutando. Mejor aún, me di cuenta que ese yo trabajador puede ir de la mano con mi otro yo, ese que nació gracias a mis dos regalitos del cielo, haciéndome tan feliz.

 

 

Mis deseos para ti, Samuel.


1. Deseo que el mundo te encuentre siempre con ojos curiosos y mente maravillada;

2. deseo que tu camino se entrelace con otros que te emocionen y te enseñen;

3. deseo que ames plenamente;

4. deseo que te amen plenamente;

5. deseo que tus oídos sepan escuchar y tus ojos, observar, para aprender y enseñar;

6. deseo que lo aprendido te haga más abierto, receptivo y crítico;

7. deseo que pienses antes de creer, pero que sepas cuándo hay que creer sin pensar;

8. deseo que no te falte apoyo, así como tampoco valentía para pedir ayuda;

9. deseo que te busques, te encuentres, te reinventes y vuelvas a comenzar; sin perderte de vista;

10. que seas feliz, y lo puedas compartir.

Vampiros, cuenteros y Día de los Muertos


Con un vampirín colgado, apoyado en nuestros brazos, ayer celebramos nuestro primer Halloween de tres. A causa de la posición geográfica, no tuvimos ni fiestas con personajes varios ni “trikitrikis”, pero nos tomó desprevenidos lo contentos y llenos que el 31 nos iba a dejar.
Pasamos la tarde celebrando a la mexicana (versión anglo), en medio de calaveras coloridas, muertitos y mariachis, conociéndonos un poco más como familia. Samuel nos sorprendió mientras señalaba sonriendo algunas vasijas antiguas del museo, y por primera vez, en vez de pensar en su futuro, nos preguntamos por su pasado: quizá su alma ha llegado viajera y aprendida a continuar con su camino a la sabiduría, desde Babilonia, Atenas, Roma, ¡quién sabe! O quizá la fascinación por esos objetos históricos ha venido de algún trazo de su yo escondido, escrito desde el vientre, aún por emerger.  Seguir leyendo “Vampiros, cuenteros y Día de los Muertos”

Bienvenido seas, lector

Han pasado 41 semanas y tres días desde el día en que llegaste, saliendo de mi pancita ayudado por doctores, abriéndote camino entre el corte y los pliegues de mi piel.
Aunque suene cliché, mi vida cambió: todo se volvió un poco más difícil, me había perdido y apenas comienzo a encontrarme ayudada por mi nueva visión del mundo, ahora visto desde tus ojos. He entendido, una vez más, cosas como la maravilla del movimiento giratorio de las ruedas, o el delicioso quejido del rasguido del papel, y entre tantos descubrimientos antaño colonizados, he empezado poco a poco a delinear mis contornos temporalmente desdibujados.

Hoy soy yo y soy otra, vuelvo a mí paso a paso, contigo y esta pequeña gigante familia que me gusta pensar llena de amor. Hoy escribo de nuevo para seguir escribiendo realidades, pensamientos, fantasías y hasta noticias. ¡Lo que sea!

Bienvenido Otro Yo.

Y bienvenido seas, lector.